Os dejo con un pequeño fragmento de la obra Los Miserables y con una imagen que tuve el privilegio de tomar hace unos días en San Sebastián, de San Juan, lugar donde el escritor pasó una temporada en 1841, un sitio del cual quedó fascinado, de sus gentes y de la belleza de su paisaje, al igual que yo... ¡Nos vemos en septiembre!
Mientras lloraba se encendía poco a poco una luz en su cerebro, una luz extraordinaria, una luz maravillosa y terrible a la vez. Su vida pasada, su primera falta, su larga expiación, su embrutecimiento exterior, su endurecimiento interior, su libertad halagada con tantos planes de venganza, las escenas en casa del obispo, la última acción que había cometido, aquel robo de cuarenta sueldos a un niño, crimen tanto más culpable, tanto más monstruoso cuanto que lo ejecutó después del perdón del obispo; todo esto se le presentó claramente; pero con una claridad que no había conocido hasta entonces.
Examinó su vida y le pareció horrorosa; examinó su alma y le pareció horrible. Y sin embargo, sobre su vida y sobre su alma se extendía una suave claridad.
Fragmento de Los Miserables (1862), de Victor Hugo.
Imagen: Passai Donibane-San Juan, San Sebastian




1 comentarios:
Precioso ;)
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